lunes, agosto 07, 2006

Pasado mañana fue ayer, o como no ser revolcados por la ola del cambio

Una vez olvidada la casi aburrida polémica “empieza el 1 de enero del 2000 o el 1 de enero de 2001”, por eso de que los siglos tienen 100 años y otros temas aritméticos que algunos encontrarían divertidos, podemos decir a mediados de2006 que ya estamos encaminados en el Tercer Milenio. La frase -que corre el riesgo de volverse un cliché- nos lleva a pensar y reflexionar dónde estamos, hacia dónde vamos, y qué es lo que queremos ser y hacer.

Atrás quedaron los tiempos, antes de la invención de la imprenta de tipos móviles por Johanes Gutemberg, en que la visión del mundo que tenía un habitante promedio del planeta se limitaba a los que había a 7 días de camino de su casa. Un adulto saludable, caminado a 4 KM por hora en jornadas de 8 horas por día, recorrería 224 kilómetros. (Quito está a 274 Km. de Guayaquil, en línea recta.)
En el 2006, para expresar con mayor claridad esta idea, utilizando la herramienta Google Earth pude descargar una imagen satelital del Ecuador y medir virtualmente la distancia entre los puntos de referencia. Todo esto no demoró más de tres minutos. Sentado frente a mi computador en Guayaquil, puedo tener una visión global del planeta, y un nivel de detalle que hace cinco años, solo estaba disponible en películas de ciencia ficción tales como “Enemigo público”.

Los adelantos tecnológicos y el cambio acelerado que para los menores de treinta años representan la única realidad que conocen, resulta a veces atemorizante o desconcertante para las generaciones mayores. Lo único en lo que podemos estar de acuerdo -como dijo Arthur C. Clarke- es que “el futuro ya no es lo que solía ser”

Los entornos cambiantes nos obligan a pensar nuestra propia existencia y la de las organizaciones de una manera completamente diferente. Nuestros competidores ya no son únicamente nuestros vecinos si no que pueden estar en cualquier rincón del planeta y esto se ve reflejado en muchos aspectos de la vida. El suplemento de The New York Times que aparece en el diario El Universo nos contaba hace algunos días como jóvenes acaudalados de los Estados Unidos pagan a sus pares chinos para que “aprueben por ellos” niveles en juegos de video en línea. ¡La exportación de trabajo ya alcanzó a los momentos de ocio!

Por cierto… ¿Acabo de decir en el suplemento del NY Times que se publica en el Universo de Guayaquil? También la prensa se ha globalizado y ahora los habitantes de mi ciudad en los trópicos ecuatoriales comparten la misma información que en el primer mundo. ¿Cuánto tardará en desaparecer la concepción de primero y tercer mundo y será reemplazada por organizaciones e individuos globalizados o no?

Los desarrollos tecnológicos permiten que los nuevos productos estén disponibles cada vez más rápido para más personas alrededor del planeta. Así como entre la invención del ferrocarril en Europa y la llegada de los trenes al Ecuador pasaron cincuenta años; veinte desde el vuelo de los Hermanos Wright a la llegada de primer avión -el Telégrafo I- al Ecuador; las apariciones casi contemporáneas de la radio y la TV en nuestro medio. Cada vez estamos más integrados a los cambios que se dan en el planeta de tal manera que las distancias ya no se miden en kilómetros o millas, sino que son otras las barreras que se levantaran entre las personas.

Hablemos de educación:

En la campaña presidencial de 1996 el candidato Freddy Ehlers cometió el “grave error político” de declarar analfabeto a aquel que no supiera manejar una computadora y hablar un idioma extranjero. Lo cual fue aprovechado por sus contendores de entonces y puesto en su contra al decir que estaba atentando contra la dignidad de la mayor parte de los ecuatorianos. Hoy, casi diez años después quedan pocas personas que no admitan que el Sr. Ehlers tenía razón y habrán otros que digan que está definición ya está obsoleta.

En el ambiente de alta competitividad que enfrentamos la educación adquiere un mayor valor. Pero también es importante plantearnos las características que deberá tener una buena educación en el futuro. No será una educación que atiborre de datos las mentes de los estudiantes, si no una que permita la adquisición de competencias tales como:

- Capacidad de comprender su entorno inmediato ubicado en un ambiente global así como las tendencias en el corto, mediano y largo plazo.
- Capacidad de reeducarse en un plazo relativamente corto y emprender nuevas especialidades
- Capacidad de comunicarse efectivamente y colaborar en red con individuos de la propia y otras culturas
- Adquirir una sólida ética de trabajo y comportamiento que logre generar confianza en su accionar
- Capacidad de lidiar con la incertidumbre y adaptarse rápidamente a entornos emergentes

Esas son solo algunas de las competencias debemos cultivar en nosotros y nuestros estudiantes. Vivimos en uno de los períodos más fascinantes de la Historia de la Humanidad. Nos toca poner manos a la obra, para que la “Ola del cambio” no nos arrastre.