miércoles, agosto 09, 2006

Cuestionario Pivot del Jardinero de Baobabs

1.¿Cuál es tu palabra favorita?
¿Por qué?
2. ¿Cuál es la palabra que menos te gusta?
Vergüenza
3. ¿Qué es lo que más te causa placer?
¡Ni te cuento!4.
¿Qué es lo que te desagrada?
El dolor
5. ¿Cual es el sonio o ruido que mas placer te produce?
La risa de ella
6. ¿Cuál es el sonido o ruido que te aborrece escuchar?
Frenazos
7. ¿Cual es el olor que te devuelve a la infancia?
El agua salada en las pozas de Ballenita
8. ¿Qué le recuerda?
Las vacaciones en la casa de mi abuela, jugando con mi hermano.
9. Que te motiva desde el punto de vista:
A) Intelectual – La curiosidad
B) Espiritual – La búsqueda de paz
C) Emocional – Encontrarla a Ella = Paz
10. ¿Cuál es tu grosería favorita?
La gran puta, ¡huevón! ¡Ve a pitar entre las piernas de tu madre, que allá hay más tráfico!
10. Aparte de tu profesión ¿que otra profesión te hubiese gustado ejercer?
Operario de maquinaria pesada
11. ¿Que profesión nunca ejercerías?
Verdugo
12. Si el Cielo existe…y te encontraras a Dios en la puerta ¿Qué te gustaría que Dios te dijera al llegar?
Una sonrisa bastaría.

lunes, agosto 07, 2006

Pasado mañana fue ayer, o como no ser revolcados por la ola del cambio

Una vez olvidada la casi aburrida polémica “empieza el 1 de enero del 2000 o el 1 de enero de 2001”, por eso de que los siglos tienen 100 años y otros temas aritméticos que algunos encontrarían divertidos, podemos decir a mediados de2006 que ya estamos encaminados en el Tercer Milenio. La frase -que corre el riesgo de volverse un cliché- nos lleva a pensar y reflexionar dónde estamos, hacia dónde vamos, y qué es lo que queremos ser y hacer.

Atrás quedaron los tiempos, antes de la invención de la imprenta de tipos móviles por Johanes Gutemberg, en que la visión del mundo que tenía un habitante promedio del planeta se limitaba a los que había a 7 días de camino de su casa. Un adulto saludable, caminado a 4 KM por hora en jornadas de 8 horas por día, recorrería 224 kilómetros. (Quito está a 274 Km. de Guayaquil, en línea recta.)
En el 2006, para expresar con mayor claridad esta idea, utilizando la herramienta Google Earth pude descargar una imagen satelital del Ecuador y medir virtualmente la distancia entre los puntos de referencia. Todo esto no demoró más de tres minutos. Sentado frente a mi computador en Guayaquil, puedo tener una visión global del planeta, y un nivel de detalle que hace cinco años, solo estaba disponible en películas de ciencia ficción tales como “Enemigo público”.

Los adelantos tecnológicos y el cambio acelerado que para los menores de treinta años representan la única realidad que conocen, resulta a veces atemorizante o desconcertante para las generaciones mayores. Lo único en lo que podemos estar de acuerdo -como dijo Arthur C. Clarke- es que “el futuro ya no es lo que solía ser”

Los entornos cambiantes nos obligan a pensar nuestra propia existencia y la de las organizaciones de una manera completamente diferente. Nuestros competidores ya no son únicamente nuestros vecinos si no que pueden estar en cualquier rincón del planeta y esto se ve reflejado en muchos aspectos de la vida. El suplemento de The New York Times que aparece en el diario El Universo nos contaba hace algunos días como jóvenes acaudalados de los Estados Unidos pagan a sus pares chinos para que “aprueben por ellos” niveles en juegos de video en línea. ¡La exportación de trabajo ya alcanzó a los momentos de ocio!

Por cierto… ¿Acabo de decir en el suplemento del NY Times que se publica en el Universo de Guayaquil? También la prensa se ha globalizado y ahora los habitantes de mi ciudad en los trópicos ecuatoriales comparten la misma información que en el primer mundo. ¿Cuánto tardará en desaparecer la concepción de primero y tercer mundo y será reemplazada por organizaciones e individuos globalizados o no?

Los desarrollos tecnológicos permiten que los nuevos productos estén disponibles cada vez más rápido para más personas alrededor del planeta. Así como entre la invención del ferrocarril en Europa y la llegada de los trenes al Ecuador pasaron cincuenta años; veinte desde el vuelo de los Hermanos Wright a la llegada de primer avión -el Telégrafo I- al Ecuador; las apariciones casi contemporáneas de la radio y la TV en nuestro medio. Cada vez estamos más integrados a los cambios que se dan en el planeta de tal manera que las distancias ya no se miden en kilómetros o millas, sino que son otras las barreras que se levantaran entre las personas.

Hablemos de educación:

En la campaña presidencial de 1996 el candidato Freddy Ehlers cometió el “grave error político” de declarar analfabeto a aquel que no supiera manejar una computadora y hablar un idioma extranjero. Lo cual fue aprovechado por sus contendores de entonces y puesto en su contra al decir que estaba atentando contra la dignidad de la mayor parte de los ecuatorianos. Hoy, casi diez años después quedan pocas personas que no admitan que el Sr. Ehlers tenía razón y habrán otros que digan que está definición ya está obsoleta.

En el ambiente de alta competitividad que enfrentamos la educación adquiere un mayor valor. Pero también es importante plantearnos las características que deberá tener una buena educación en el futuro. No será una educación que atiborre de datos las mentes de los estudiantes, si no una que permita la adquisición de competencias tales como:

- Capacidad de comprender su entorno inmediato ubicado en un ambiente global así como las tendencias en el corto, mediano y largo plazo.
- Capacidad de reeducarse en un plazo relativamente corto y emprender nuevas especialidades
- Capacidad de comunicarse efectivamente y colaborar en red con individuos de la propia y otras culturas
- Adquirir una sólida ética de trabajo y comportamiento que logre generar confianza en su accionar
- Capacidad de lidiar con la incertidumbre y adaptarse rápidamente a entornos emergentes

Esas son solo algunas de las competencias debemos cultivar en nosotros y nuestros estudiantes. Vivimos en uno de los períodos más fascinantes de la Historia de la Humanidad. Nos toca poner manos a la obra, para que la “Ola del cambio” no nos arrastre.

Las epidemias sociales o la gripe en una sociedad de consumo

Es una de esas temporadas en las cuales llegamos a la oficina y encontramos con que todos están con gripe. Desde el gerente hasta la recepcionista nos miran con ojos llorosos y acento nasal, y los estornudos interrumpen muchas conversaciones. Pero además de la gripe vemos también que muchos llevan unas pulseras plásticas amarillas (sin ningún valor estético desde mi punto de vista, -y no me digan que el dinero recolectado con su venta servirá para una causa noble, al menos aquí no-) y otros, pulseras de color celeste y blanco con la palabra autonomía escrita en ella.

Tanto las pulseritas como la gripe parecen haberse adueñado de mi ciudad. Así como ciertas modas y marcas, melodías que retumban en nuestras cabezas y nos encontramos tarareando el slogan de alguna campaña publicitaria cuando estamos solos en el auto. ¿Qué es lo que está pasando? Estamos viviendo una epidemia, pero en este caso no se trata de un virus, si no de unas ideas…

Malcom Gladwel en el libro “Tipping Point” (traducido al Español como “La Frontera del Éxito) define las características de las epidemias: Son muy contagiosas: un pequeño grupo de personas pueden esparcirlas en toda la población. Pequeños cambios pueden tener grandes efectos, una vez que la epidemia se ha extendido. Los cambios ocurren en forma geométrica, y no en forma lineal.

Gladwel indica que hay tres reglas básicas que hacen que las epidemias tengan forma, estas se aplican tanto a epidemias sanitarias, como a epidemias políticas o sociales.

La primera regla es denominada “La ley de los pocos”, implica que las epidemias no se propagan por si mismas, si no que requieren de individuos que actúan como agentes propagadores de las mismas. Además unas pocas personas pueden hacer la diferencia, al estar en contacto con muchas otras personas en distintos entornos.

En el caso de las Epidemias sociales hay tres tipos claves de personas que contribuyen a propagar las nuevas ideas o modas sociales. El primer grupo de ellos es llamado conectores; son individuos que tienen una gran red social y se mueven en distintos ambientes. Ellos son los que llevan tendencias entre las distintas personas. Suelen tener posiciones en las que tienen que viajar mucho o conocer personas de distintos grupos.

Otro grupo son los “sabios o enterados”, estos son las personas que son expertas en campos particulares, a quienes sus conocidos y amigos acuden por consejo al momento de tomar decisiones en campos específicos. Por ejemplo, todos tenemos un amigo que es “el experto en computadoras” a quien acudimos cuando deseamos comprar algo de tecnología. Estas personas tienen como característica principal él ser reconocidos por sus pares como “sabios” en un tema particular, además suelen ser generosos con el conocimiento y siempre están dispuestos a dar consejos y emitir sus opiniones.

A los del tercer grupo se los denomina “vendedores”, no porque esta sea su profesión, si no porque se trata de personas con un gran poder de persuasión. Ellos son adoptadores tempranos de nuevas tendencias y las promueven utilizando su carisma natural.



La segunda regla según Gladwell, es el “Factor de adherencia”. En otras palabras la “virulencia” de una epidemia. Para que un suceso social tenga éxito, este tiene que resultar atractivo y pegajoso. Sin embargo en la sociedad saturada de información en la que vivimos esto se vuelve complicado. Es importante que los mensajes transmitidos sean “memorables e irresistibles”.

Para lograrlo muchas veces es necesario recurrir a métodos de investigación del consumidor y una alta exposición de los mismos en los medios de comunicación masiva, entre otros.

Luego está la tercera regla “El poder del contexto”. Para que toda epidemia se propague es importante que el contexto sea propicio para su desarrollo. En numerosas ocasiones el contexto magnifica la importancia de una idea. ¿Recuerdan el caso de los “chanchitos asesinos” que aterrorizaron a Guayaquil hace un par de años? La aparición de grafitos en sitios estratégicos de la ciudad, sumados a un e-mail de dudoso contenido, en una ciudad preocupada por la inseguridad, crearon una ola de pánico entre un segmento importante de la ciudad. La misma información (grafitos + e-mail) no hubiera encendido una reacción tan grande si el contexto fuera diferente (una ciudad sin el azote de la delincuencia).

Como conclusión, las ideas que se implantan en la sociedad (sean políticas, de marketing, etc.) obedecen a tres factores claves: Unos pocos pero efectivos mensajeros, un mensaje memorable y un contexto en el cual germinar. 0